La lluvia volvió a caer..
Hoy me toca reconocer mi error, hoy me toca pedir perdón.
Fui cruel y me lastimé. Nos lastimé y herí.
Me fui antes que pudieras dar una explicación. Corrí sin razón. Corrí
antes que pudieras alcanzarme. Corrí y me escondí. Corrí bajo un necio orgullo.
Corrí y tomé mi disfraz. Corrí y me oculté. Corrí y te evadí. Elegí el silencio
como medio, como refugio, y me fui encerrando en un laberinto oscuro de
confusión y dolor. Nos inventamos historias, nos creamos monstruos, nos
lastimamos por callarnos. El silencio abrió un abismo entre nosotros, y caímos
en la ignorancia de no mirarnos. Nos deseábamos en silencio, nos pensábamos sin
distancia. Y la palabra debía curarnos.
Esta vez, fui cobarde, fui cruel e implacable. Esta vez debí cruzar la
puerta, debí salir a buscarte. No supe qué decir, no supe cómo seguir. Fue el miedo que me paralizo fue mi pasado
que me condenó. Dejé que el tiempo pasé, y cada día, me volví más fría y
distante. Me volví un témpano de silencio, una pared sin respuesta. La indiferencia me consumió, mi corazón se
congeló. No quise alejarte, pero no pude mirarte. Te escuchaba y temblaba, te
cruzaba y me desarmaba. Te desee lejos, y en mi cama. Sabía que en pensamientos
nos encontrábamos. Supe que era tarde, cuando ya otra risa sonaba. Me sentí
derrotada. Te eché la culpa de todo mi dolor, te insulté, y quise gritar. Pero
ya nada servía. Volvía a ser tarde. Quería volver a encontrarte. Quería volver
el tiempo atrás. Me resguardé en el silencio y el desprecio. Nos merecíamos otro
final.
Quizás el tiempo es sabio, quizás él sabia cuando cruzarnos.
Y en el medio de la noche, cuando el mundo duerme, cuando la calma reina,
nuestras voces se volvieron a oír. Se sintió extraño, en un ambiente de nostalgia.
Mis nervios ocultaba bajo un frio imaginario. Y nos encontramos en nuestro viejo
mundo. Las mismas paredes que nos vieron alejarnos nos vieron volver a abrazarnos.
Porque no estaba perdido, porque algo quedaba, porque un perdón faltaba. Finalmente, no hay malos en la historia, no
hay monstruos, no hay culpables. Éramos dos desconocidos que jugamos a una
fantasía. Nos miramos con ternura, y entendimos que fue un malentendido, un
truco del destino. Sin importar qué pase,
sabemos que lo vivido fue verdadero. Que las risas no faltaron y que la anécdota
ya está escrita. No sé que nos deparará los días venideros. Pero hoy me toca
decirte:
-Si, lloré. --Sí, me dolió. -Sí, te extrañé. -Si, te desee. -Si,
te quise. -
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